20 jun. 2009

Dos poemas de Bolaño (en lo que salimos de la sala de espera)

Ojos

Nunca te enamores de una jodida drogadicta:
las primeras luces del día te sorprenderán
con sangre en los nudillos y empapado de orines.
Ese meado cada vez más oscuro, cada vez
más preocupante. Como cuando en una isla griega
ella se escondía entre las rocas o en un cuarto
de pensión en Barcelona, recitando a Ferrater
en catalán y de memoria mientras calentaba
la heroína en una cuchara que se doblaba
como si el cabrón de Uri Geller estuviera
en la habitación vecina. Nunca, nunca te encoñes
con una jodida puta suicida: al alba tu rostro
se dividirá en figuras geométricas semejantes
a la muerte.
Inútil y con los bolsillos vacíos
vagarás entre la luz cenicienta de la mañana
y entonces el deseo, extinguido, te parecerá
una broma que nadie se tomó la molestia
de explicarte, una frase vacía, una clave
grabada en el aire. Y luego el azur. El jodido
azur. Y el recuerdo de sus piernas sobre tus
hombros. Su olor penetrante y extraño. Su mano
extendida esperando el dinero. Ajena al dictado
de la tribu. Un brazo y unos pies pinchados
una y otra vez; espejeantes en la raya que separaba
o que unía lo esperado de lo inesperado, el sueño
y la pesadilla que se deslizaba por las baldosas
como la orina cada vez más negra: whisky, coca-cola
y finalmente un grito de miedo o de sorpresa, pero no
una llamada de auxilio, no un gesto de amor,
un jodido gesto de amor a la manera de Hollywood
o del Vaticano ¿y sus ojos, recuerdas sus ojos detrás
de aquella cabellera rubia? ¿Recuerdas esos ojos que te hacían llorar
de amor, retorcerte de amor en la cama sin hacer
o en el suelo, como si el mono lo tuvieras tú y no ella?
Ni siquiera deberías recordar esos ojos. Ni un segundo.
Esos ojos como borrados que parecían seguir con interés
los movimientos de una pasión que no era de este jodido
planeta: la verdadera belleza de los fuertes brillaba allí,
en esas pupilas dilatadas, en las palpitaciones de su
corazón mientras la tarde se retiraba como en cámara rápida,
y en nuestra pensión de mierda se oían de nuevo los ruidos,
los vagidos de la noche, y sus ojos se cerraban.

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Un resplandor en la mejilla (Fragmento...)
paisaje de cisnes instantáneos

Ya no sé que decir, alguien me acaricia el pelo y dice
que estoy echando sangre, alguien pasea sus uñas
por mis mejillas y dice que me ama. Y aún me aman
dos niñas que se pierden constantemente por bosques nevados.

Aún me aman dos niñas pero yo hace mucho tiempo asocio el
color azul con la muerte, el rojo con la infancia
llena de bolcheviques y sexo, y el amarillo con carreteras
al atardecer, cuando los vagabundos contemplan
los postes de telégrafo, y las bandadas de pájaros del desierto
regresan del Oeste.

Y parezco un callejón cementerio de tranvias, un
suburbio cubierto de nubes, un poco de azúcar escurriendo
de los labios de un pandillero, que en este caso soy yo mismo,
mirando duramente paisajes interiores, imaginando
con desesperanza otro tipo de manicomio. Otro tipo
de jóvenes doctores. Otras sonrisas paranoicas esbozadas
casi en la superficie de una canción. Y así Utopia
vuelve a aparecer en el centro de las arboledas, las zarzas
vuelven a aparecer en el centro de lso hospitales, los niños
del valle vuelven a oerderse en los departamentos de
los gitanos, y los coches robados vuelan a 150 km. por hora
a donde se supone esta el mar.

Aún me aman dos niñas generosas como el rocío,
como los dibujos estupendos llenos de color de las grandes
carreteras. Visiones que no se destrozan
pero que no sirven para nada. Por el momento Utopía
en nuestro descanso, nuestro baño sauna frenético,
durto como ciertos alcoholes y ciertas plumas, el árbol
al que nos trepamos en las noches de perros y amor, el Buda
que recoge calamares mientras levita en la playa de la luna.
Ya no sé que decir.

[…]

Mi ex mujer se mirará en los lentes negros de un playboy
y le darán ganas de llorar o de poner un disco (duro, breve)
como la fiebre de un niño.

La ternura y la revolución y los poetas pueden dormirse.
Estos días son buenos para los subterráneos voladores, para
los voyeurs de lo abstracto. Alguen apagará la luz
y comentará silenciosamente que las almohadas están
manchadas de sangre.

Ya ni ponerse a hacer silogismos es bueno.
Y tan acertado como siempre, te cagas en el oficio de poeta
cuando es lo único que te queda.

[…]

Por Roberto Bolaño, Jovenes desnudos bajo el arcoiris de fuego, Editorial Extemporaneos, México DF 1979.





Roberto Bolaño cofundador del movimiento infrarrealistas en México.

3 comentarios:

**aeromusa ya no vive aqui** dijo...

El sol como un gran animal demasiado amarillo. Es una suerte que nadie me
ayude. Nada más peligroso, cuando se necesita ayuda, que recibir ayuda.
Pero a mi noche no la mata ningún sol.

A. Pizarnik

Diablo Cody región 4 dijo...

Nunca había leído a Bolaño. Conocer algo de su trabajo aquí, es una gran pretexto para comprar alguno de sus libros. Gracias

Fernanda Zepeda dijo...

waa
nuu sabiia en cual blog fiirmarte
U_u
pero wenuu
heii!!
graciiasz por pasar a mii blog
=D
te leo
bye!