28 dic. 2008

Invierno. Luis Vaca

Pasó todo un año,
como Bóreas en su carruaje
por el campo de trigo
….sin tocar siquiera las espigas

27 dic. 2008

El recuento de los daños. Jaime Garba

Cinco corazones rotos,
trescientos cielos fluorescentes,
mil noches oscuras,
cero lágrimas justificadas,
preocupaciones humanas
que fueron tortuosas, de otro mundo.
Muchos poemas incompletos,
una novela modelada,
pensamientos perdidisos,
besos eróticos y románticos,
amistades difusas pero perfectas
sobriedades sobre el vino,
que no fue su año, ni el que viene, ni el siguiente.
Verdades a medias que valieron todo,
mentiras atrevidas, deseosas,
dolores que no solo fueron del alma,
sonrisas peligrosas,
pero sobre todo miradas al infinito
que no se pierden en la distancia,
y no lo harán

23 dic. 2008

Reverso. Laura Avalos

… Graciela, Lucia, Alicia. Hubiera podido pensar en siete nombres mas, todas bellas, todas evocadas es sus solitarias noches, cuando su mano subía y bajaba por la lujuria. Pero Gerardo era así. La inspiración siempre se le escondía, la necesitara o no, lo bueno era que había memorizado algunas frases y adjetivos que le servían para redactar la nota roja, finalmente ese tipo de notas tenían su encanto en sí mismas trágicas, morbosas, siniestras. Como ella. Trató de ordenar sus pensamientos, aspiró a su cigarrillo, y evocó a una lolita, no le importaba a cual de ellas invocaba, la única condición era escribirle un poema a Ella…




***


Fue en un accidente que Gerardo la conoció. Una joven desparpajada de escandalosa apariencia, gabardina corta que dejaba ver la piel blanca de sus piernas, pelo negro, ojos grandes delineados en negro, cigarro en mano, botas blancas; la vio recorrer la escena del crimen mientras tomaba notas y fotos para su noticia. Se había encontrado un cadáver degollado, rodeado de libros de poetas, Eluard, Huerta, Bennedetti, Baudelaire, Plath. ¿Acaso alguien leía poesía en estos días? Rió irónicamente para si mismo, mientras tomaba una foto del cadáver.

▬No,… nadie debería

Gerardo se irguió rápidamente, y miró los ojos delineados en negro y las pestañas alargadas

▬¿Qué?
▬Nadie debería leer poesía

Comenzó a llover, situación que no la inmutó pero le dio la oportunidad a Gerardo de invitarle un café. Hablaron mucho, sobre todo de la locura que la invadía, los argumentos para odiar la poesía. Contundentes, reales; Gerardo estaba de acuerdo en cada puntualización que ella hacia. Había que borrar de la faz de la tierra a esos seres, exterminar a los poetas. Cualquiera que hubiese visto la escena, habría notado que Gerardo estaba hipnotizado por el piercing que ella tenía en la lengua y se asomaba a través de sus labios cada vez que ella pronunciaba la letra “O”.


***


Quemaron la sección de poesía de la biblioteca municipal; arrancaron los versos publicados en el suplemento dominical de cada periódico; y finalmente irrumpieron en las salas de lectura, a donde muchachitas deseosas de pasión y palabras domingueras abrían sus piernas a un escritor incipiente que declamaba torpes versos al amor. Gerardo se sintió asqueado y miró con aprobación que ella sonriendo, le mostraba una reluciente navaja que se asomaba del bolso de su gabardina corta.

Fue comenzar una dinámica sencilla. Ir a las salas, escuchar la lectura, esperar a que el escritor saliera del baño, el privado o el callejón, en donde habitualmente una mujer se le entregaba pensando que era un dios de la gramática, la sintaxis, y las metáforas. Entonces ellos esperaban, se miraban, se tocaban accidentalmente mientras escuchaban los gemidos, suspiros y gritos ahogados del escritor y la “lolita” en turno. Después, el escritor caía en sus manos, esas cuatro manos que lo hacían versar, deca, octa, penta sílabos, alejandrinos, modernos, cuartetos, sonetos, y las suplicas caían con la sangre de su cuello, sustantivos, verbos, sinónimos, antónimos, era en la sangre en donde descubrían la fuente de la inspiración, la musa que anidaba en sus venas guardando y llenando cada glóbulo rojo con metáforas hermosas. Los poetas tienen la sangre mas dulce y espesa, pensó Gerardo mientras acomodaba el cadáver del escritor. Ella no los miro, pero sonreía, mientras se admiraba las botas salpicadas de sangre; para Gerardo era suficiente, estaba enamorado, la amaba, y haría cualquier cosa por que esa mujer sonriera. Ella se volvió y siguió su camino.


***


Gerardo se había convertido en el as de las cuatro columnas en la nota roja. Al parecer siempre era el primero en llegar o descubrir los cadáveres de los recientes asesinatos de escritores especializados en poesía. Una ola de pánico se introdujo en las huestes literarias, reclamando protección especial a las autoridades, las cuales no hacían prácticamente nada, pues ¿a quien demonios le importaba si un poeta moría?
Entonces llegó el momento en que las librerías dejaron de abastecer de poemarios a los escasos lectores, las casas de café en donde se hacían las lecturas ahora eran fondas con música grupera, las lolitas decidieron aprender a bailar duranguense y reggeton las más cultas bailaron tango. Gerardo dejó de ser la estrella, no había más asesinatos ni desapariciones. Los poetas se callaron convirtiéndose en taxistas, voceros, políticos, y actores mediocres con pésima voz, los más honestos se perdieron bajo la sombra de un árbol, esperando tiempos mejores. Ella y Gerardo se miraban indiferentes, Ella dejo de sonreír, ya solo lloraba a mares, sollozando, con el delineador en las mejillas, no había esa pasión en su voz, es mas ya no hablaba, se limitaba a despertar y dormir llorando. Gerardo no sabía qué hacer.

Una tarde sin nubes. Recordó a… Graciela, Lucia, Alicia. Hubiera podido pensar en siete nombres mas, todas bellas, todas evocadas es sus solitarias noches, cuando su mano subía y bajaba por la lujuria. Pero Gerardo era así. La inspiración siempre se le escondía, la necesitara o no, lo bueno era que había memorizado algunas frases y adjetivos que le servían para redactar la nota roja, finalmente ese tipo de notas tenían su encanto en sí mismas trágicas, morbosas, siniestras. Como ella. Trató de ordenar sus pensamientos, aspiró a su cigarrillo, y evocó a una musa, no le importaba a cual de ellas invocaba, la única condición era escribirle un poema a Ella… para hacerla sonreír mientras su sangre le salpicaba las botas blancas.

16 dic. 2008

a la mierda la mierda. Jaime Garba

Tiro los papeles ocultos en la gaveta
los versos juveniles que se escribieron para Lucia, para Amelia, para Abril
para las invisibles, para las inexistentes.
Quemo los recuerdos en un vaso de plástico,
las fotografías de quince años que parecen de boda,
destruyo mis camisas aseñoradas y las corto hasta degollarlas,
hasta que no haya mangas que vestir, ni botones que queden de pie.
No corro porque no voy a ningún lado,
a la mierda las plumas que nunca fueron Parker,
a la mierda las mañanas que ya pasaron
y que no dejaron más que notalgías,
a la mierda las personas que no hieron nada, que no harán nada.
A la mierda la mierda que es lo más absurdo.
el disfrute del dolor se convierte en una excusa
para tatuarse en la piel las mil y un razones para un sentido.
Y de pronto todo va a volverse a repetir,
a comenzar desde cero, y los errores resurgirán
como yo resurgiré nuevamente, incomprendido.
Y las fotografías volverán, y las cartas tendrán tinta fresca
los nombres de Lucía, Amelia, Abril y otras más sonarán tan de nuevo
como aquellos años de secundaria
como aquella inocencia fingida.
como yo cuando mire al cielo, y ahí estaba.

11 dic. 2008

Alter Egos (Fragmento). Luis Vaca

Y estas de pie en la barra de un bar pidiendo un whisky,



“haciendo tiempo”, cuando es el tiempo quien te hace



te deshace, te reinventa o te pasa simple y tristemente



de largo….



En estas palabras no hay trascendencia, hay más bien inmundicia,



es el fracaso de ahogar el llanto en el agua de los ríos



para regalar sentimientos a los peces.





Es estar aquí y allá y a la vez en ninguna parte,



como en un paseo por una dimensión totalmente ajena



ya sea caminando de norte a sur por Avenue des Champs-Élysées



o por un nauseabundo obscuro callejón .







Y estoy sentado a la sombra de un níspero del Japón



que dibuja una vela encendida en mitad de mi habitación vacía



pero a la vez llena de ausencia desbordada, que corre como el agua



cuando olvido cerrar la llave de la bañera por el miedo al silencio



solitario que empantana mas que el fango que se forma en los estanques.






¿Y Entonces?…. Entonces tú



Y por que te pienso, si ya no te pensaba.



Y por que te deseo, si ya no te deseaba.



Y entonces grito que ya no lo soporto



que ya no voy a pensar más en ti



pero irremediablemente, vuelvo a ello.






Todas estas solo son palabras con alas...




que vuelan y se rompen…



contra los cristales sólidos de las ventanas



cuando buscan llevar a tus oídos el mensaje



que existe pero no esta de acuerdo con su existencia.



Esas malditas recurrentes palabras



que se suicidan por la contradicción de su naturaleza.

9 dic. 2008

Cronica de un viaje anunciado. Jaime Garba



El destino se estipuló desde principios de noviembre, abordaba el internet casi a diario para observar las fechas, estas, con los días seguían siendo las mismas, yo no las anotaba en ningún papel parar tener como excusa algo y volver a ingresar al día siguiente. Siempre daba click en la lista de autores y leía: Santiago Roncagliolo, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Jorge Volpi. Para mi sorpresa todos aparecían en dos cuadros, en dos eventos, tan fáciles de ver que mis ojos no tenían que echar varios vistazos para ubicarlos. La fecha llegó, como todo plazo por cumplir, y para ese entonces yo ya había establecido con mi fiel amigo Martín Duarte los detalles de nuestro viaje a Guadalajara a la Feria Internacional del Libro 2008, era cierto, el invitado de honor que en esa ocasión era Italia, era tentador, pero también era cierto que no conocía nada de literatura Italiana, a final de cuentas la sección de Italia no fue en vano y se llevó si no dinero por libros que adquirí, halagos por su estética.
Pasamos como prensa, cosa que no creímos fuese tan fácilmente, como un par de citadinos (casi pueblerinos) viajamos a aquella ciudad a ese evento por primera vez, y por ende desconocíamos los protocolos necesarios para ingresar, o en su defecto los requisitos de ingreso. Mi productor había hablado un par de días antes para registrarme, sin embargo aun así hasta que mi gafete de prensa y el de Martín estuvieron en nuestros pechos nos sentimos con calma.
Al ingresar nuestras bocas no se abrieron en son de sorpresa porque los cuentos lo trillaron demasiado, pero nuestra admiración ante aquel lugar fue incomparable, por lo menos para mi, en mis ideas había tres cosas, libros, libros y más libros. Me sentí como un hambreado en un buffete de carnes rojas, como un adolescente puberto en una sex shop, como un cholo vaquero en un baile de Montez de Durango. Nuestras miradas querían abarcar todo pero no lo conseguían, dimos un par de vueltas al lugar, donde yo por lo menos no pude admirar con precisión aquellos textos, cosa que a Martín no se le dificultó, pues el observaba con detenimiento los libros, leía las contraportadas y las anotaba en la libreta que nos obsequiaron realizando un análisis de decisión para escoger los libros. El primer stan al que fuimos y donde nos quedamos unos quince minutos, fue el de la biblioteca sonora de Bellas Artes, donde pudimos escuchar de viva voz (no tan reciente) a Vicente Leñero –el escritor debe dedicarse a escribir y no a hablar de sus obras- y de no tan viva, pero si de voz a Ibargüengoitia –Yo escribí teatro porque fue lo que aprendí a escribir-.
La incertidumbre no se calmaría hasta que fuéramos al evento por el que estábamos ahí, y así fue, solo compramos un vaso de agua y nos posamos en el suelo en una no tan larga fila para ver a los “amigos de Carlos Fuentes”. Valía la pena, definitivamente, pero para sorpresa nuestra, la espera no fue demasiada, solo una hora estuvimos pacientes y luego el acceso se dio al salón “Juan Rulfo”. La expectativa era grande, la emoción más, ahí estábamos, en la cuarta fila, con una vista privilegiada, ante una manta enorme que contenía la foto de Carlos fuentes, ante un salón que se llenaba como una alberca, poco a poco, pero que al final en su fusión de gente, dejó ver un lugar repleto por individuos ansiosos por ver a los grandes. El tiempo llegó a la manecilla indicada y así fue que salió Carlos Fuentes, con un traje negro, una camisa blanca y una corbata negra, elegante como en la televisión, pero sonriente y contento de ver a su publico, a nosotros, lo acompañaba al mismo tiempo otros escritores que la verdad no recuerdo, solo a alguien que sería pecado no recordar, José Emilio Pacheco, y así iniciaron su diálogo acerca de la edición conmemorativa de su libro “La región más transparente”, escuchar a Fuentes leer su texto fue algo que definitivamente no tiene valor, algo único e increíble, y lo escuchamos, Martín y yo, y cientos de personas más, lo escuchamos. Entre la emoción al disiparse el publico pudimos ver a alguien –No mames- dijimos vulgarmente, pero fue justificada aquella palabra, pues el mismo Gabriel García Márquez caminaba a tomar su asiento para escuchar a su amigo Fuentes.
Poco tiempo después, instantes antes de que comenzara la charla “Los amigos de Carlos Fuentes” a lo lejos divisé a mi individuo, al escritor por el que estaba ahí, vestía una camisa negra y sus mejillas acolchonadas eran inconfundibles, Santiago Roncagliolo Saludaba a amigos escritores y sonreía con esa sonrisa tan característica. Mi emoción fue enorme, gigante, no pude hacer otra cosa más que gritar su nombre y esperar, él volteó y me miró preguntándose quizá quién diablos era yo, pero mi cara seguramente le alentó a descifrar que era solo un admirador más.
La charla fue estupenda, escuchar a Monsiváis, a Fuentes, a Steven Boldy fue increíble, no digo a Márquez porque el no habló, pero creo que no fue necesario, porque el admirar al nobel de literatura de por sí doblar sus cejas y ver sus caras graciosas fue más que suficiente. El diálogo excelso fue incomparable, escuchar como esos grandes escritores, quizá los más grandes de la historia de Latinoamérica, hablaban de cómo se conocieron, de sus anécdotas, de cómo viajaban de Europa a América con una facilidad difícil de asimilar, de cómo dialogaban con Neruda como yo lo hacía con mi amigo Martín, todo eso, hizo que existiera magia en el lugar, una magia casi literal fácil de comprender y difícil de describir.
Al finalizar el publico se abalanzó sobre Márquez, Roncagliolo que estaba a tres filas de mi se levantó y se quedó unos segundos de pie, observé que las filas del lugar se disiparon y aproveche para acercarme. Siempre pensé que palabras exactas decirle si lo encontrara. Lo vi de espaldas, dije su nombre y giró, estúpidamente, pero acertadamente pregunte si podía saludarlo, Santiago sonrió y estrechó mi mano. Martín y yo nos tomamos un par de fotos con él, volvimos a aludir su buena literatura y se fue.
No menos emocionante fue tomarnos una fotografía con Xavier Velazco, un Velazco que desesperado decía a una reportera que olvidara el 2 de Octubre, ante la desesperación de que todos se iban al “after” y él estaba retrasado, aceptó la foto a regañadientes, pero no pudimos culparlo, en circunstancias similares hubiésemos actuado igual seguramente. Y se fue diciéndole a la misma reportera –No hay crisis, en las letras no hay crisis, en lo demás sí, en las letras no-.
Suspiramos varias veces, exaltamos nuestra alegría sin importar nada, no éramos los únicos seguramente, unos cuantos se llevaron en sus manos la firma de Márquez, solo unos cuantos.
Después de aquello me liberé de toda ansiedad, vagué con gloria por la feria del libro admirando los libros que dejé de lado en un principio, aun así fue difícil ver todos, había tantos que deseaba y tan poco presupuesto, sin embargo me fui satisfecho con textos como “intermitencias de la muerte” de Saramago, “los albañiles” de Leñero, “la virgen de los sicarios” que anteriormente ovacionó Martín y hasta el momento no recuerdo el nombre del autor y “cuentos porno para apornar la semana” de algún “fondo de cultura tierra adentro” que algún día de aquellos me dejó un mal sabor de boca .
La noche llegó con una lógica que pareció absurda, y solo fueron nuestros cuerpos los que dieron por finalizada nuestras energías, nos marchamos por las calles oscuras de Guadalajara rumbo a un restaurant barato para celebrar nuestro triunfo, y entre la “incertidumbre” de Martín, que yo mismo denomine así, que me llevaba de un lado a otro, la alegría no se disipaba, ni esa noche, ni hoy, ni nunca.

*fotografia: martín duarte, xavier velazco (premio alfaguara 200) y jaime garrba

4 dic. 2008

Salvajismo en el hogar. Isabela Ceja

Bajaste la escalera y yo no vi mejor momento para acorralarte y pegarme a tu pantalón, tu madre guisaba a menos de cuatro metros, tu hermano rasgaba su guitarra en la habitación continua y yo solo me abalance una y otra ves.
Tu mirada me sujetaba el cuerpo, los olores de aquella tarde nos "echaban aguas" y tus dedos se sumergieron en mi boca, susurraste un par de veces que callará, que tu madre nos escucharía, pero mi mirada ya te había desnudado, mi lengua te acribillaba el cuello y de nuevo me rogabas que callará,
-por favor mi madre oirá tus gemidos.
Pero tu sexo solo rió de tu prudencia y sufrió una erección violenta; comenzaste a penetrarme y amenazaste a mis gemidos, decapitaste a mi sudor y sentenciaste a mis orgasmos.
Mis uñas derraparon por tu espalda, mi saliva se derramo en la pared y un beso extremadamente salvaje carcomió tu necesidad de amarme.

La voz de tu madre retumbo en tus oídos, mi aroma se quedo en todos tus sentidos y un "no te vayas" fue lo único que tu aliento te permitió decir.

1 dic. 2008

La caja del perro. Rodrigo Contreras

Estaba sentado en esa caja de madera, cuando lo vi por primera vez; su mirada, una mezcla de nerviosismo y profundo temor, llamaron fuertemente mi atención; nunca en mi vida había visto semejante paciente, solo era cuestión de verlo, con su figura que se tornaba grotesca, agresiva, sin la más mínima intención de cambiar de posición.
-Sé lo que estas pensando; pero mejor déjalo tranquilo, no te gustará verlo alterado- Me dijo el médico jefe de servicio, adivinando mi interés sobre el caso; pero la imagen de ese hombre, se quedó grabada en mi mente, por lo que en cuanto tuve oportunidad me dirigí a ver el expediente clínico para echarle un ojo, y cuando lo vi en mis manos me sentí como un niño ansioso al ver una envoltura de caramelo. Pude ver el diagnóstico en la hoja frontal: “Esquizofrenia”, y obviamente comencé a leerlo, dándome cuenta que el paciente padecía de una extraña alucinación, bastante peculiar por cierto, consecuencia del fuerte remordimiento por el daño que le ocasionó a su mascota; dándole muerte a palos, tras lo cual comenzó a imaginarse perseguido por el fantasma del animal, que le dio indicaciones precisas de depositar sus restos dentro de esa caja de madera utilizada ahora por él como banquillo.
Un día finalmente me decidí a entrar en la habitación de tan singular personaje, y cuando abrí la puerta lentamente, lo encontré en la posición de siempre, sentado en la caja.
-Mira ven ayúdame, que se quiere salir, se quiere salir este endiablado animal, para vengarse y de paso también ajustar cuentas con todos ustedes malvados, que han hecho daño a otras personas; Se esta saliendo de esta caja y nos va acabar a todos, mas te vale que vengas a ayudarme- Me dijo con desesperación, convencido de la veracidad de cada una de sus desquiciadas palabras. Quise decirle que esa caja de madera estaba vacía, pero por su estado seria una gran necedad, así que le seguí la corriente, me acerqué y me puse de frente a él, para después imitarle por completo.
- Acércate, escucha como esta arañando la caja, buscando como salir de ella y vengarse, esta deseoso de matarme a pesar de que yo le maté primero; sus huesos descarnados en cuanto tengan oportunidad van a salir y sus colmillos querrán desgarrar mi blanda garganta para después hartarse de mi carne, pero no será suficiente, seguirá con la tuya y buscará más; está sediento de sangre, si pudiera nos mataría mil veces y eso no aplacaría su ira.
Seguí sus indicaciones, y contra toda medida de seguridad me incliné sobre la caja, más nada logré escuchar, pero el paciente se sentía satisfecho, mostrando una gran sonrisa y contra lo esperado, se bajo de la caja.
- Bien, creo que puedes relevarme por un momento- Me dijo; mientras se tumbaba perezosamente en el suelo, importándole poco mi evidente turbación ante tal actitud.
-¡Oye!- exclame – Yo no puedo estar sentado aquí por mucho tiempo- le dije en tono de reclamo, a la vez que me bajaba de mi incomodo asiento.
- ¿Qué estas haciendo?, ¿Estas loco acaso?- me preguntó furioso, a la vez que se lanzaba sobre de mí propinándome tremendo puñetazo en la cara, dejándome confundido e incapaz de defenderme de su embestida, con la que me derribó al suelo tras lo cual con sus potentes manazas comenzó a oprimir mi garganta, haciéndome ir de la inicial sorpresa al pánico. Cuando creí que mi último día había llegado sucedió algo inexplicable: de la caja de madera, salió un leve quejido, que hizo a mi atacante soltarme y retroceder preso de un miedo desgarrador; que aumentó cuando la tapa de la caja fue botada al suelo, saliendo finalmente un gruñido amenazador.
- ¡Se esta saliendo de la caja, y va a matarnos a los dos!- grito el pobre hombre, no ocultando para nada su terror.
Yo solo miré la caja, que comenzaba a sacudirse, mientras que el paciente se retorcía, víctima de convulsiones. Fue todo lo que vi, después se apagó la luz.
-Te dije que lo dejaras en paz- escuché una voz al despertar, y ante mis ojos estaba el jefe de servicio, riendo socarronamente. Todos se burlaban de mí, por lo que había hecho; una gran imprudencia que rayaba en la estupidez. Ya había sobrellevado esas burlas, pero al día siguiente cuando pasábamos visita a la hora de costumbre, ahí estaba él, sentado en su caja de madera, pero ahora me mostraba una sonrisa burlona, de la que no pude evitar sentirme aludido.