1 dic. 2008

La caja del perro. Rodrigo Contreras

Estaba sentado en esa caja de madera, cuando lo vi por primera vez; su mirada, una mezcla de nerviosismo y profundo temor, llamaron fuertemente mi atención; nunca en mi vida había visto semejante paciente, solo era cuestión de verlo, con su figura que se tornaba grotesca, agresiva, sin la más mínima intención de cambiar de posición.
-Sé lo que estas pensando; pero mejor déjalo tranquilo, no te gustará verlo alterado- Me dijo el médico jefe de servicio, adivinando mi interés sobre el caso; pero la imagen de ese hombre, se quedó grabada en mi mente, por lo que en cuanto tuve oportunidad me dirigí a ver el expediente clínico para echarle un ojo, y cuando lo vi en mis manos me sentí como un niño ansioso al ver una envoltura de caramelo. Pude ver el diagnóstico en la hoja frontal: “Esquizofrenia”, y obviamente comencé a leerlo, dándome cuenta que el paciente padecía de una extraña alucinación, bastante peculiar por cierto, consecuencia del fuerte remordimiento por el daño que le ocasionó a su mascota; dándole muerte a palos, tras lo cual comenzó a imaginarse perseguido por el fantasma del animal, que le dio indicaciones precisas de depositar sus restos dentro de esa caja de madera utilizada ahora por él como banquillo.
Un día finalmente me decidí a entrar en la habitación de tan singular personaje, y cuando abrí la puerta lentamente, lo encontré en la posición de siempre, sentado en la caja.
-Mira ven ayúdame, que se quiere salir, se quiere salir este endiablado animal, para vengarse y de paso también ajustar cuentas con todos ustedes malvados, que han hecho daño a otras personas; Se esta saliendo de esta caja y nos va acabar a todos, mas te vale que vengas a ayudarme- Me dijo con desesperación, convencido de la veracidad de cada una de sus desquiciadas palabras. Quise decirle que esa caja de madera estaba vacía, pero por su estado seria una gran necedad, así que le seguí la corriente, me acerqué y me puse de frente a él, para después imitarle por completo.
- Acércate, escucha como esta arañando la caja, buscando como salir de ella y vengarse, esta deseoso de matarme a pesar de que yo le maté primero; sus huesos descarnados en cuanto tengan oportunidad van a salir y sus colmillos querrán desgarrar mi blanda garganta para después hartarse de mi carne, pero no será suficiente, seguirá con la tuya y buscará más; está sediento de sangre, si pudiera nos mataría mil veces y eso no aplacaría su ira.
Seguí sus indicaciones, y contra toda medida de seguridad me incliné sobre la caja, más nada logré escuchar, pero el paciente se sentía satisfecho, mostrando una gran sonrisa y contra lo esperado, se bajo de la caja.
- Bien, creo que puedes relevarme por un momento- Me dijo; mientras se tumbaba perezosamente en el suelo, importándole poco mi evidente turbación ante tal actitud.
-¡Oye!- exclame – Yo no puedo estar sentado aquí por mucho tiempo- le dije en tono de reclamo, a la vez que me bajaba de mi incomodo asiento.
- ¿Qué estas haciendo?, ¿Estas loco acaso?- me preguntó furioso, a la vez que se lanzaba sobre de mí propinándome tremendo puñetazo en la cara, dejándome confundido e incapaz de defenderme de su embestida, con la que me derribó al suelo tras lo cual con sus potentes manazas comenzó a oprimir mi garganta, haciéndome ir de la inicial sorpresa al pánico. Cuando creí que mi último día había llegado sucedió algo inexplicable: de la caja de madera, salió un leve quejido, que hizo a mi atacante soltarme y retroceder preso de un miedo desgarrador; que aumentó cuando la tapa de la caja fue botada al suelo, saliendo finalmente un gruñido amenazador.
- ¡Se esta saliendo de la caja, y va a matarnos a los dos!- grito el pobre hombre, no ocultando para nada su terror.
Yo solo miré la caja, que comenzaba a sacudirse, mientras que el paciente se retorcía, víctima de convulsiones. Fue todo lo que vi, después se apagó la luz.
-Te dije que lo dejaras en paz- escuché una voz al despertar, y ante mis ojos estaba el jefe de servicio, riendo socarronamente. Todos se burlaban de mí, por lo que había hecho; una gran imprudencia que rayaba en la estupidez. Ya había sobrellevado esas burlas, pero al día siguiente cuando pasábamos visita a la hora de costumbre, ahí estaba él, sentado en su caja de madera, pero ahora me mostraba una sonrisa burlona, de la que no pude evitar sentirme aludido.

4 comentarios:

COLECTIVO LUIS GUSTAVO FRANCO dijo...

me gustó, diferente estilo, agradable, solo qcuidado con la edición, bienvenido.

jaime garba

**aeromusa** dijo...

wow que buen tema...
me agrado
saludos

Bernardo Santiago Anaya dijo...

En la actualidad, quien puede ser capaz de juzgar quienes son los "cuerdos" o "normales" me encanto tu escrito, realmente encantado, bienvenido al colectivo!

Rodrigo dijo...

Una de las cosas de este texto que cambie fue que en un principio, cuando el arremetido por el paciente escribi que estaba aturdido, y posteriormente paso al panico. Sin mebargo alguien me comento que al estar aturdido no se podia estar alerta y por lotanto no habria reaccion de panico. Acepto sugerencias