6 jul. 2009

A veces sueño que sueño

It's too dark to see the landmarks.
I don't want your good luck charms.
I hope you're waiting for me across your carpet of stars.

Mark Sandman

Cuando era niño y tuve conciencia de que soñaba, le pregunté a mi madre qué eran los sueños. Ella me respondió que eran las cosas que pensábamos durante el día pero sin que nos diéramos cuenta de ello y solo lo recordábamos mientras dormíamos. Como los sueños para mí eran un misterio, su respuesta misteriosa me pareció convincente. He dejado de creer en muchas cosas que creía de niño, pero tengo casi treinta años creyendo que es verdad lo que mi madre dijo sobre los sueños.

Anoche soñé a Carolina nuevamente, pero ya no la soñé como la hermosa adolescente pelirroja que era cuando salimos de secundaria. Ahora se veía vieja y cansada, con varios kilos de más y muchos años a cuestas. En el sueño recordé que siempre que la soñaba me llenaba de gusto por que tenia más de quince años sin verla.

Hace un par de años me surgió la necesidad de volver a encontrarla. Y no tener ni una pista de ella me llenó de frustración y vinieron los sueños donde corría a su encuentro y ella me recibía con su cálida sonrisa y yo iba con la firme seguridad de que tendría el valor de decirle: Carola, me gustas desde que jugamos Pole Position al salir de clases y porque nunca me acusaste por la revista pornográfica que escondía en la mochila cuando tu eras jefa de grupo.

Luego me acercaba a ella y el sueño se descomponía y parecía que en realidad no la había estado buscando, sino que ella siempre había estado conmigo y por lo tanto ya sabia lo que yo iba a decirle o ya se lo había dicho y ya no tenia importancia. Entonces el sueño se hacia incongruente y se disolvía para formar otros colores y otros rostros. Y yo despertaba con la tristeza mordiendo mi corazón y el resto del día me sentía como me sentí cuando tenía cinco años y me extravié en el centro y mi padre me encontró llorando sentado en un macetero.

Hace unas semanas regresé a mi ciudad y fui al dentista porque una muela se me rompió por masticar una piedra camuflajeada entre los frijoles. Yo estaba sentado con la boca abierta viendo el reflector cuando tocaron a la puerta. Era el técnico que esperábamos con la pieza y cuando lo ví, no pude evitar tratar de sonreír con el taladro metido en la boca. Era uno de mis compañeros de secundaria. No recordaba su nombre. Fue de gran ayuda que primero lo saludara el dentista. Platicamos un ratito, solo lo necesario, pues mi amigo tenía prisa: a qué nos dedicábamos, en dónde vivíamos, qué habíamos estudiado. Se fue convencido de que me dedicaba a buscar huesos de dinosaurio. Y antes de que se fuera no pude evitar preguntarle ¿no sabes qué ha sido de Carolina? Me miró extrañado pues no la recordaba.

Anoche soñé con Carolina. Pero al verla vi con tristeza que no era como en mis sueños anteriores y la evité durante todo el sueño. No le dirigí la palabra. Estábamos en algún tipo de reunión sin sentido, de esas que solo puede haber en sueños, y al terminar, todos subimos a un autobús que nos llevaría de regreso a casa. Por momentos parecía un barco de madera más que un autobús. Uno a uno se fueron bajando sobre una calle larguísima y ridículamente angosta. Durante el viaje, Carolina y yo nos sorprendimos mirándonos de reojo y cuando ella bajó, miré con atención el lugar y la casa a la que entraba. Tuve la certeza de que regresaría a buscarla. Me acomodé en mi asiento y seguí atento a las extrañas calles y casas entre las que viajábamos y a la niebla espesa que nos iba envolviendo poco a poco. Llegó mi turno de abandonar el barco-autobús y regresé a la oscuridad de mi cuarto.

1 comentarios:

**aeromusa ya no vive aqui** dijo...

Hay sueños que nos persiguen siempre... y que pasa cuando nos alcanzan?
despertamos


... chale