27 jul. 2009

Cerezas y Sandía

Francisco, Paquito para los amigos, lo tenía todo. O eso siempre le decían. ¿Por qué? Porque era soltero y todo sus amigos ya se había tenido que casar o juntar, que para ellos era lo mismo: ya se habían chingado. Y Paquito era libre, gastaba su dinero en lo que quería. Tenia una tele gigante, DVD y horno de microondas. Dichoso tú, le decían cuando se tomaba una cerveza con los amigos de la cuadra. Tienen razón, pensaba Paquito mientras tragaba la cerveza.

Trabajaba en una carnicería, era un buen empleado, el único que no le robaba al patrón y el patrón lo sabía y se lo agradecía regalándole de vez en cuando filete de primera. El filete que no estaba a la venta, por que la perrada, decía el patrón, se cagaría al ver el precio. No, ese filete tampoco se vendía a restaurantes, era como un cargamento de la mejor droga del mundo, solo uno pocos conocidos del patrón tenían el privilegio de probar esa carne. No me falta nada, pensaba Paquito, mientras preparaba su jugoso corte.

Paquito hacia mucho que no tenía novia, por lo que las visitas a los masajes de ‘la nena’ eran cosa de cada quincena. Era cliente consentido, pagaba sin regatear, nunca pedía nada extraño y siempre se venía en silencio.

Pero un día la conoció. En el autobús rumbo al trabajo. Ella se subió a unas pocas cuadras antes de que él tuviera que bajar. Era delgada, morena, de cabello y ojos negros. Olía a cerezas y sandía. Pensó en ella todo el día y pensó que en realidad nada tenía. Se dijo que daría todo por saber su nombre, su horno, su tele gigante, su DVD, su carne de primera. Todo!. Pensaba en el olor de su perfume mientras cargaba una res en canal sobre su espalda.

Pasaron varios días hasta que volvió a verla en el autobús y se bajo triste a trabajar. Espero pacientemente hasta el día en subieron al mismo autobús y se pasó de largo la carnicería. Se bajó hasta que ella se bajó dejando detrás un rastro de cerezas y sandía. La siguió a buena distancia. Su corazón latía con fuerza y trataba de armar alguna frase coherente para hacerle plática sin asustarla. Ella fue deteniéndose lentamente hasta llegar junto a un joven. Se dieron un pequeño beso en la boca y tomados de la mano siguieron caminando. Paquito paso a su lado con paso apretado y siguió andando sin rumbo fijo.

Ese día no trabajó. Regresó a su casa, buscó entre su colección de películas porno y escogió una hardcore filmada a finales de los 70’s y remasterizada en DVD. Comenzó a meneársela mientras se desarrollaba una escena al estilo de las películas de detectives y una voz en off narraba en alemán la escena. Era una pareja en el bar, el tipo le metía mano a una bailarina y ella parecía resistirse mientras hacia muecas de placer. El tipo lograba desnudarla, la empinaba sobre una mesa y le metía un puño completo en la vagina. De pronto la mujer lograba escapar del puño. La narración siguió: al ponerse de pie, ella derramó la cerveza en mi pantalón y tras sentir ese frío burbujeo en mi entrepierna, mi escalofrío no tuvo otra opción que pedirme que la matara. Y entonces mis manos la estrangularon.

Paquito se vino en silencio y comenzó a olvidarse de ella.

2 comentarios:

**aeromusa ya no vive aqui** dijo...

ajua!!!
hahaha ay ya se yo y mis comentarios...
hahahaha

**aeromusa ya no vive aqui** dijo...

-_-,
ta bueno ps si me gustó
manque la frase se meta de a wiwi