11 ene. 2009

Bilis Pecaminosa. Isabela Ceja

Comencé por vomitar trocitos de adjetivos altisonantes, escupí una y otra vez garabatos amarillos y mientras mi cara palidecía por esa ansiedad estúpida. Mis mejillas recuperaban su color para no perder el feeling de todo el coraje que recorría mis venas. Decidí tomar un break de aquel estado de ánimo que me abrumaba con tanta intensidad y, al mismo tiempo deformaba mi cara con cada segundo que pasaba; mi frente comenzó a coleccionar líneas gruesas y arrugadas, éstas aumentaron mas y mas. Mi quijada tensa sólo agudizaba mi manera de fumar y mi cajetilla suspiro al contemplar su corto tiempo de vida.

-¿Cuál crees que sea el peor de los pecados? -Le pregunté a la taza que posaba ante mis ojos; el café que estaba aguardando dentro de ella comenzó a temblar y comprendí que su respuesta era : Ira. -No es para tanto- le respondí- No lo quiero matar, mi falta de creatividad para el sadismo es muy pobre y mi ganas de venganza, muy vagas.

Una ves más el nivel de la taza o, mejor dicho, de su contenido, subió tan rápido que por poco se desparrama.
-A ti te viene bien la Soberbia – le dije con cierta insolencia a la cafeína que ya circulaba por todo mis cuerpo- eso de andar diciendo que alteras los nervios déjaselo a mi Padre , llevo bebiéndote más de una década y nomás no pasa nada.
Mi panza comenzó a gruñir.
-No te alebrestes , solo trataba de incluirte en el debate, pero si tus nervios no te lo permiten pues no y ya.

La nicotina que había estado atenta desde el principio toció suavemente y con un aire de arrogancia dijo- Yo creo que el mejor pecado es la Avaricia, mira que desear tener fervientes seguidores a costa de sus vidas, ofrecer a cambio efímeros momentos de placer, pretenciosos niveles de status, apostarle a sus cantidades de estrés y sentir ese tremendo éxtasis cuando me toman con deseo aquellas mañanas de invierno o esas madrugadas en el After. -Es, tan… sublime.

¡Ah! Casi puedo asegurar que la Lujuria me envidia, cuando después de una exitosa ronda de placer, soy yo, aquella deliciosa cereza la que termina por adornar el fin de sus noches.

Solté una tremenda carcajada, la miré y con ganas de sarcasmo excreté. -Definitivamente eres tan soberbia como la cafeína, solo que tu te adornas sola.
Me miró y me dijo- Di lo que quieras pero no soy yo la que sostiene entre sus dedos un Marlboro.
De repente el bullicio que me acompañaba esa noche desapareció y las miradas se posaron en la igualada y desafiante nicotina. En ese instante, nuestras sonrisas chocaron estruendosamente y supe que nos habíamos hecho enemigas, mis dedos soltaron el cigarrillo casi nuevo en ese cenicero incoloro y dije.
Blofea lo que quieras querida -fue lo único que mis labios soltaron.
Aquel enorme trozo de pre-cáncer se consumió dejando a su paso una enorme, casi kilométrica colilla gris.

El silencio incomodo surgió, ¿Pero qué pasa? –pregunté - Yo aún tengo un poco de bilis atorada y ninguno de ustedes me ah convencido de pecar.

-¿Pereza? -Mmm… no eso déjalo para el domingo.
-¿Gula? - no, eso guárdalo para mi depresión.
-¿Envidia? – No, ésa que se la queden los feos.

Nos queda Lujuria, ¡Ah! Sólo de nombrarla mi ira comenzó a desvanecerse y mi entrepierna comenzó a mojarse.

Los invitados que me acompañaban esa noche se sonrojaron, excepto cafeína que con los nervios al borde de un ataque y con un miedo tremendo de poder terminar como aquella colilla, decidió romper con toda regla (del manual “orgullosamente adicción”) y entre sollozos me advirtió que debíamos terminar con nuestra cita, porque de lo contrario su amiga gastritis llegaría sin previa invitación a incomodar nuestra entrañable cena casi romántica.

Esa noche, después de aquella velada con tanta deseable adicción, llegue a la casa, donde tú, no me esperabas ni con una jodida llamada en el buzón de voz, donde mis pantaletas ya solo estaban mojadas después de ser lavadas, dónde mis ganas acabaron por engañarte con él, esé hermoso vibrador que se postraba para mi en el estuche prohibido, lo saque con delicadeza le puse unas pilas doble AA y termine viendo XXX.
Mi ira solo se convirtió en una agresiva lujuria, mi humedad prometio castigarte la próxima ves que te viera y yo con tanto orgasmo eh olvidado ya tu nombre.

Cita de un libraco que me prestaste (ja ja) : "La ira aparece en el individuo como un apetito desordenado de la venganza".

1 comentarios:

**aeromusa** dijo...

Isabeeeeela si!!!
genial
jocoso
gozoso
asi el pecar
tmbn sabe sabroso
un beso!!!