18 nov. 2008

Pense asesinarte, ahora se que nunca lo haría. Carlos Bernardo Santiago Anaya

En la soledad, aquella que me acompaño desde que tú te marchaste, me
aconsejaba qué hacer, y pensaba, en tenerte aquí para asesinarte de manera sutil, porque creía que si no estabas a mi lado no lo estarías con nadie más, privarte de la vida, sentarte a mi lado en una mesa elegante, con un mantel de organza, y unas copas, llenas de un buen vino tinto, platicar con tu cuerpo, encontrarme con tu alma, y finalmente, morir a tu lado.

Hoy te vi, te tuve cerca, y vi nuevamente esos ojos, y sentí realmente que la soledad se fue, nunca estaría mas feliz, y cuando metí la mano a mi pantalón y sentí aquel revolvér, y en la bolsa de mi chaqueta aquellas pastillas letales, supe que todo fue un invento de mi mente, un consuelo tonto, nunca le haría el mal a aquella mujer que amo tanto, solo sentía resentimiento porque no estaba conmigo, nunca me puse a pensar que se fue de mi lado porque yo la lastime, y no era justo que nuevamente yo, le causara un dolor, la amo pero tampoco quiero esta soledad al fin de todo beberé ese vino tinto, solo, en la tranquilidad de mi hogar, y finalmente usare mi revolvér, y mi amor perpetuará por siempre.

1 comentarios:

Rodrigo dijo...

Me gusta el concepto de la muerte para inmortalizar, pues algo vivo no puede ser inmortal y el amor perdido del personaje al morir este trascendera, se engradecera, para compensar lo que en vida nunca fue. Me gusta.