3 mar. 2010

Micifuz

No suelo salir de día. Desde que nací la luz del sol me ocasiona una pereza increíble. Sin embargo uno tiene que regresar a su hogar ¿no? uno debe culminar cada madrugada (por lo menos) en el sitio al cual pertenece. Ese sentimiento diurno es el que me invadió en aquella ocasión cuando satisfecho y exhausto me dirigí a mi guarida en busca del melodioso 'misch misch'.

Son innumerables los crímenes que he presenciado en mi rutinaria vida nocturna, pero ese día no vi un cuerpo mutilado, ni una violación, tampoco una escena de billeteras recién arrebatadas. ¿Cómo describir ese momento? ¿Cómo dibujar lo que mis ojos observaron?.

Un hombre como tantos pero con una peculiaridad, era el hombre que me alimentaba, aquél a quien yo llegué a ver como un dios.

Quizá por eso quedé espantado. Esta vez no era testigo de un crimen común: en ese instante descubrí que dios no era dios, que dios tenía corazón y que se lo habían destrozado.

Contemplé la madrugada con una duda sobre mi libertad, "si dios ha muerto todo está permitido", ¿pero si dios se ha quedado sin corazón?.

Todavía brilla el sol, todavía me invade la pereza pero, el día ya no tiene el consuelo aquél de ser acurrucado al ritmo de un 'misch misch'.

Ahora me asquea la humana compañía, y si no fuera por la necesidad habría dejado hace tiempo al despojo quien me alimenta.

¡Vaya crimen! dejar a micifuz sin resorte.

...

"Micifuz ¿por qué te das tanto corte si yo conozco el resorte que tu vida hace mover?"

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