Por: aeromusa
Para empezar decidí ser escritor.
Y todos protestaron, excepto Ella.
A* (como solía llamarla), me miraba con sus ojos redondos y húmedos cada vez que le leía un cuento o un poema, sentados al final de la escalera que conducía a nuestra pieza. Y después me daba un beso, como aprobando lo escuchado, o condenando lo que no era de su agrado.
A veces con la tarde me volvía invisible, como siempre lo hago cuando escribo; y A*, con su compresión de siempre me dejaba perderme entre los papeles amarillos y las plumas "manchadoras". Le gustaba perderme para buscarme y encontrarme en la oscuridad, cuando nuestra pieza apenas se iluminaba con el haz de luz de los autos pasando. Entonces me buscaba, bajo la mesa, bajo la cama, dentro de la tina, o la estufa. Me hablaba susurrando
-O* (como solía llamarme), las palabras ya se salieron por la ventana.
Entonces yo entendía que era tiempo de ser visible, y de acariciarla sobre la cama y bajo la luna, y borrarle las palabras que se le pegaban en la espalda y las piernas. Esas noches de insomnio, solo veía sus ojos grandes y húmedos, y me besaba como cuando le leía poemas y cuentos. Y toda la noche inventábamos palabras que nadie escuchó ni escuchará jamás.
Así decidí ser escritor, y todos protestaron, excepto Ella, la mujer que reinventaba cada noche entre el ocaso y la aurora.
28 nov 2008
25 nov 2008
Nada. Jaime Garba
Por qué no soy un poco de nada,
para volar libre y lentamente,
por qué no existo para ser admirado por el ciego,
y que escriba un par de versos en braile
y que le diga al sordo que no necesita oír,
que no necesita de nada, de nadie, ni de sí mismo.
Quiero dejar de existir para existir,
y morir para sentarme entre la tierra,
y como un niño volar entra las nubes
en un bostezo inmenso, intermitente.
Quiero rogar acostado por un milagro,
para sentir y no sentir,
para desear y no desear
lo imposible y lo improbable
que lo tuve y se fue
que se extrañó y que se extraña.
Quiero ser un poco de nada,
para pasar desapercibido por el mundo
libre como el viento giratorio
y darle tres vueltas al infinito.
para volar libre y lentamente,
por qué no existo para ser admirado por el ciego,
y que escriba un par de versos en braile
y que le diga al sordo que no necesita oír,
que no necesita de nada, de nadie, ni de sí mismo.
Quiero dejar de existir para existir,
y morir para sentarme entre la tierra,
y como un niño volar entra las nubes
en un bostezo inmenso, intermitente.
Quiero rogar acostado por un milagro,
para sentir y no sentir,
para desear y no desear
lo imposible y lo improbable
que lo tuve y se fue
que se extrañó y que se extraña.
Quiero ser un poco de nada,
para pasar desapercibido por el mundo
libre como el viento giratorio
y darle tres vueltas al infinito.
20 nov 2008
Espejo
Llega a su casa. Abre la puerta, se quita los zapatos y el piso tibio la conforta un poco. No prende la luz, prefiere la poca que entra por la ventana de la cocina, abre el refrigerador, y toma jugo de arándano. Se quita la blusa, y la deja sobre la mesa, mientras un hielo pequeño cae sobre sus pies desnudos, se estremece.
Camina por el breve pasillo se quita la falda, la liga que atora su cabello abre el baño oscuro, enciende un cigarro, abre el agua fría llena la tina, da dos fumadas, tira el cigarro, mientras introduce su pie izquierdo en el agua … hace calor.
Se mete toda, te moja toda, se frota toda, se deja ir toda, se mira los pies y recuerda un cuadro de Frida Kahlo, (- la tragedia nos sigue -). Sale de la tina, no se seca, no se mira al espejo, camina a tientas, sabe por donde va. Llega húmeda a su cuarto, penetra la oscuridad de su cuarto, y tolera el ruido de los autos pasar, ha estado húmeda por días soportando el calor y algunas palabras como astillas. Se tira a la cama, huele sus sábanas, intenta reconocer algún olor ajeno. Nada. No puede dormir. Abraza sus rodillas. No puede dormir. Piensa en no pensar. Mira el techo. Y chupa la humedad de su pelo. No puede dormir. Se muerde un labio.
Un haz de luz se refleja en el espejo frente a su cama. Y ve, y entiende. Observa su pie, su tobillo, su rodilla cicatriz, su muslo, su pubis, su vientre, observa sus senos subir y bajar, sus hombros, su cuello. Sus ojos se encuentran en un inexplicable momento con los de él, los ojos de ella se miran en él.
-Hola… tanto tiempo
-Hola… larga espera…
Y todo se vuelve un relámpago azul casi blanco
****
Despierta cansada, despierta seca, no sabe que es sueño, si es que aun sueña.
Camina por el breve pasillo se quita la falda, la liga que atora su cabello abre el baño oscuro, enciende un cigarro, abre el agua fría llena la tina, da dos fumadas, tira el cigarro, mientras introduce su pie izquierdo en el agua … hace calor.
Se mete toda, te moja toda, se frota toda, se deja ir toda, se mira los pies y recuerda un cuadro de Frida Kahlo, (- la tragedia nos sigue -). Sale de la tina, no se seca, no se mira al espejo, camina a tientas, sabe por donde va. Llega húmeda a su cuarto, penetra la oscuridad de su cuarto, y tolera el ruido de los autos pasar, ha estado húmeda por días soportando el calor y algunas palabras como astillas. Se tira a la cama, huele sus sábanas, intenta reconocer algún olor ajeno. Nada. No puede dormir. Abraza sus rodillas. No puede dormir. Piensa en no pensar. Mira el techo. Y chupa la humedad de su pelo. No puede dormir. Se muerde un labio.
Un haz de luz se refleja en el espejo frente a su cama. Y ve, y entiende. Observa su pie, su tobillo, su rodilla cicatriz, su muslo, su pubis, su vientre, observa sus senos subir y bajar, sus hombros, su cuello. Sus ojos se encuentran en un inexplicable momento con los de él, los ojos de ella se miran en él.
-Hola… tanto tiempo
-Hola… larga espera…
Y todo se vuelve un relámpago azul casi blanco
****
Despierta cansada, despierta seca, no sabe que es sueño, si es que aun sueña.
18 nov 2008
Pense asesinarte, ahora se que nunca lo haría. Carlos Bernardo Santiago Anaya
En la soledad, aquella que me acompaño desde que tú te marchaste, me
aconsejaba qué hacer, y pensaba, en tenerte aquí para asesinarte de manera sutil, porque creía que si no estabas a mi lado no lo estarías con nadie más, privarte de la vida, sentarte a mi lado en una mesa elegante, con un mantel de organza, y unas copas, llenas de un buen vino tinto, platicar con tu cuerpo, encontrarme con tu alma, y finalmente, morir a tu lado.
Hoy te vi, te tuve cerca, y vi nuevamente esos ojos, y sentí realmente que la soledad se fue, nunca estaría mas feliz, y cuando metí la mano a mi pantalón y sentí aquel revolvér, y en la bolsa de mi chaqueta aquellas pastillas letales, supe que todo fue un invento de mi mente, un consuelo tonto, nunca le haría el mal a aquella mujer que amo tanto, solo sentía resentimiento porque no estaba conmigo, nunca me puse a pensar que se fue de mi lado porque yo la lastime, y no era justo que nuevamente yo, le causara un dolor, la amo pero tampoco quiero esta soledad al fin de todo beberé ese vino tinto, solo, en la tranquilidad de mi hogar, y finalmente usare mi revolvér, y mi amor perpetuará por siempre.

aconsejaba qué hacer, y pensaba, en tenerte aquí para asesinarte de manera sutil, porque creía que si no estabas a mi lado no lo estarías con nadie más, privarte de la vida, sentarte a mi lado en una mesa elegante, con un mantel de organza, y unas copas, llenas de un buen vino tinto, platicar con tu cuerpo, encontrarme con tu alma, y finalmente, morir a tu lado.
Hoy te vi, te tuve cerca, y vi nuevamente esos ojos, y sentí realmente que la soledad se fue, nunca estaría mas feliz, y cuando metí la mano a mi pantalón y sentí aquel revolvér, y en la bolsa de mi chaqueta aquellas pastillas letales, supe que todo fue un invento de mi mente, un consuelo tonto, nunca le haría el mal a aquella mujer que amo tanto, solo sentía resentimiento porque no estaba conmigo, nunca me puse a pensar que se fue de mi lado porque yo la lastime, y no era justo que nuevamente yo, le causara un dolor, la amo pero tampoco quiero esta soledad al fin de todo beberé ese vino tinto, solo, en la tranquilidad de mi hogar, y finalmente usare mi revolvér, y mi amor perpetuará por siempre.

17 nov 2008
Tú mujer. Martín Duarte
Mujer que de la vida vienes, que la vida vives y la vida otorgas.
Mujer de la belleza eterna que conquista corazones.
Dueña del misterio privilegiado de dar vida.
Mujer… eres abuela consejera, madre amorosa, hija y hermana comprensiva, amiga inseparable, amante insaciable, esposa eterna, cómplice fiel.
Pero ante todo… eres mujer libre, sin ataduras, sin medida.
Mujer incansable que derribas prejuicios, callando a los locuaces.
Mujer que vienes, que vas, que estas, que no descansas y siempre estas dispuesta a luchar.
Sobre tu alma se posa el blanco infinito de pureza que reviste tu belleza.
Tu beldad rinde al más mezquino ser que pretenda ofenderte o manchar tu pulcritud celestial.
Musa de caudales en las mejillas, inspiración de cuerdos y locos, elegancia exquisita que imprime el poeta en versos que hablan de ti, matiz perfecto del pintor para el que posas desnuda, natural, contundente.
Mujer de larga cabellera dorada con destellos de luz astral en pleno ocaso.
Mujer bronceada de pelo acarbonado, aclamada es tu belleza en mitad de la noche abrasadora que te oculta.
Siempre eterna, siempre limpia, siempre tú mujer de mil matices, de textura suave, de belleza presumible, de trazos finos, curvas esbozadas como claroscuros con los que llega la mañana.
Venerado es tu vientre mujer, mas lo eres tú, de elegante nombre y decoroso apellido.
Reconocida eres de estirpe, de místico anonimato que te supone en cualquier lado.
Reconócete, admítete con absoluta independencia de tu propio ser, porque la igualdad es utópica pero tus derechos son verdaderos, son tangibles.
Destruye los mitos que te limitan, que te socavan, que te denigran, que te enmudecen, que no te permiten ser tú… mujer.
Te admiro y te felicito, por este día que es tuyo y por todos esos días de tu vida en los que te haces valer, siendo mujer.
Mujer de la belleza eterna que conquista corazones.
Dueña del misterio privilegiado de dar vida.
Mujer… eres abuela consejera, madre amorosa, hija y hermana comprensiva, amiga inseparable, amante insaciable, esposa eterna, cómplice fiel.
Pero ante todo… eres mujer libre, sin ataduras, sin medida.
Mujer incansable que derribas prejuicios, callando a los locuaces.
Mujer que vienes, que vas, que estas, que no descansas y siempre estas dispuesta a luchar.
Sobre tu alma se posa el blanco infinito de pureza que reviste tu belleza.
Tu beldad rinde al más mezquino ser que pretenda ofenderte o manchar tu pulcritud celestial.
Musa de caudales en las mejillas, inspiración de cuerdos y locos, elegancia exquisita que imprime el poeta en versos que hablan de ti, matiz perfecto del pintor para el que posas desnuda, natural, contundente.
Mujer de larga cabellera dorada con destellos de luz astral en pleno ocaso.
Mujer bronceada de pelo acarbonado, aclamada es tu belleza en mitad de la noche abrasadora que te oculta.
Siempre eterna, siempre limpia, siempre tú mujer de mil matices, de textura suave, de belleza presumible, de trazos finos, curvas esbozadas como claroscuros con los que llega la mañana.
Venerado es tu vientre mujer, mas lo eres tú, de elegante nombre y decoroso apellido.
Reconocida eres de estirpe, de místico anonimato que te supone en cualquier lado.
Reconócete, admítete con absoluta independencia de tu propio ser, porque la igualdad es utópica pero tus derechos son verdaderos, son tangibles.
Destruye los mitos que te limitan, que te socavan, que te denigran, que te enmudecen, que no te permiten ser tú… mujer.
Te admiro y te felicito, por este día que es tuyo y por todos esos días de tu vida en los que te haces valer, siendo mujer.
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