14 feb 2010

¿cuánto mas?


Recuerdo que terminé esta carta cuando comencé a olvidar la verdadera razón de nuestra ausencia. Intenté hacer memoria, pero por más esfuerzo que hice no pude recordar. Una mujer, creo (o un hombre... juró que no me acuerdo)... lo unico que sé es que el orgullo era el responsable de que la boca no se abriera más que para dejar entrar las moscas y de inmediato se cerraba con tal de no dejarnos articular ni una sola palabra.

Echo de menos nuestros vicios. Invitarte un cigarrito a media noche no más para salir a dar la vuelta y susurrar tan bajito como secreto nuestro chisme del día. Ésa era la esencia de aquella nicotina parlante, bocanadas de palabras y no de humo, viciosos del habla y no de alquitrán. ¿por qué dejamos de fumar? Fue por frío.

Más de un par de veces juré armarme de valor y cantartela de frente, pero si con trabajos nos mirábamos, ¿tú crees que iba a poder componerte unas rimitas?

Febrero tocó a mi puerta, pero el invierno amenazaba con quedarse y el viento me preguntó: "¿Estás segura que el orgullo se traga?". Alguien contesto: "No, el orgullo no se traga; se vomita para que las palabras podridas puedan comenzar a salir".

Hoy es 14, llevo casi cuatro meses sin fumar, ¿qué dices?

Antónimos sinónimos

México,
mayo de 1967

Romina:

Te odio. Cada día que pasa no hago más que odiarte hasta cansarme. Me tiene sin cuidado si mi odio hacia ti te es indiferente, idiota o inútil; porque mi sentimiento de odio es puro, real, intenso… es un obsequio que te hago con sinceridad por haberme humillado como lo hiciste. Puedo imaginar cómo te burlas de mi odio, pero eso es algo que ya a estas alturas no me otorga más que placer, pues de algún mínimo modo logré hacerte reír y eso es algo que jamás podrás negar.

No necesito absolutamente nada de ti. No quiero saberte cerca, sana, viva, feliz… sólo quiero que por tus venas demoniacas corra mi odio en todo su esplendor.

Así es, Romina… ya lo habrás supuesto. Al fin lo superé y he transformado esa estúpida mentira en odio puro y sincero.

Te odio.

Gilberto.


India,
diciembre de 1970

Gilberto:

Lamento todo el daño que te pude haber provocado. Sólo quiero recalcarte una cosa: es verdad, me odias. Sin embargo, lamentablemente, no transformaste nada; de haber sido así, mi persona te causaría indiferencia, no odio.

Aún estás a mi merced.

Romina.

9 feb 2010

Cartas viejas y olvidadas (título basado en la exposición fotográfica del mismo nombre)


Algún lugar que no debió existir año …
A ti te corresponde:

Es muy extraño cómo en el bagaje tan amplio que miles de libros me han dado no encuentre una, tan sólo una palabra que me haga referirme a ti sin que malinterpretes, o siquiera intérpretes las cosas.
Si de algo sirve te comento cómo es que escribo esta carta. Hace frio, lo cual debe darte una pista. A lo lejos veo las luces del lugar que visitamos algún día con Eduardo y Sarahí. Ellos tampoco ya se reconocen. Sé que las luces me están diciendo algo, parpadean intermitentemente que me parecen como molinos que a instantes tratan de robarme las cosas adecuadas, pero lo que no saben es que, simplemente me traen recuerdos.
Te tengo miedo, mucho miedo. Cuando hablo contigo, o bien, cuando leo aquellas cartas que escribes y públicas para todos menos para mí, presiento que ya no soy nada. Tú dirás: “es que ya no eres nada”, pero en la intimidad de mis decisiones, impongo el poder de seguir siendo algo.
Me gustaría decirte que estoy bien, que aunque este cuarto esté vacio, está desbordando felicidad. Por las mañanas, camino por tu casa temprano, más temprano que el señor de la leche cuyo claxon renombra la mexicanísima forma de anunciar el nuevo día; me quedo en la esquina con la pena de pensar que podrían salir tus padres y con voces sin calentar entre el frio me digan que me largue. Sé que eso no pasaría, ellos jamás fueron groseros conmigo, son como mi familia, como una familia que ya jamás tendré.
Haces treinta minutos de trayecto de tu trabajo a casa. Estos últimos días ha llovido, y aunque yo suelo estar preparado con un paraguas, me mojo como lo haces tú, porque sé que no aceptarías de mí nada jamás y te acompaño dos cuadras atrás; sí, soy yo el tipo patético que ha dejado su barba crecer para escabullirse entre la multitud sin oficio.
Estoy enfermo, y siento que pronto voy a morir, aunque la muerte no es, ni quiero que sea un pretexto. En realidad no voy a morir, sí, era un pretexto; quisiera verte un momento, tocarte, sin motivos, sin querer besarte, sólo para saber que aún estás tan viva como siempre.
Probablemente rompas esta carta desde que veas el sello postal, si no, seguramente madrugarás un par de mañanas alertando a tus padres, pero yo, ya no estaré ahí, porque simplemente estoy muy lejos.
Por si acaso y es lo más seguro, en el frente de la carta puse una frase, la de nuestra canción, para que sepas que soy yo, aunque no por nada del mundo desees eso.

Con los atentos saludos
Yo, el que ya no es para ti.

30 nov 2009

PALABROTEANDO

Para mí, con harto desprecio


Una lo-cura
el señor tan grande
tan
GRANDE
mira su reloj
10 diez
la ciudad alcantarillada
anonimatos cerebros en fuga

Yo lo curo, dice
llora
yo lo curo
insiste

no hay cura

ella pierde el control

sabemos que estamos desnudos
y



solos



atrás horas
horas atrás
nos amábamos
después
sólo era piel
y huesos
y piel
y cansancio
nosestorbamos

miro la ventana
podría salir por ahí,
primero el culo
después nada
sólo el culo al aire
un culo libre

Yo soy este
que visto he
reflejado
reflejado
he visto que
este soy yo



me gustaría tener un hijo
llevarlo al parque
bañarlo
leer
enseñar
esto es malo
esto es bueno
esto no sé que sea
tú enséñamelo
Me guardo mis ganas

Los pajarillos cantan
qué bonito cantan
de culo sobre las ramas

un señor grandotote
tiene la panza de tamborzote
tan alto como un papalote
un señor gigante
con botas de gigante
y en sus manos
usa dos guantes
golpea un árbol
caen lunas de manzana
¿alguna estrella para mí?
no dice nada
Golpea el cielo
siguen cayendo
todos los recuerdos
algunos relámpagos
y seis enanos

Soy un sapo que nunca fue príncipe
que no está encantado
Treparemos pantanos
gritaremos al cielo
y el cielo responderá
lameremos su melancolía

Esto no es cierto:
sudo la noche
suda mi cuerpo una noche
no estoy triste
no conozco eso
cómo se come
cómo se llora
Yo no estoy triste
es locura lo sé
ès ol aruclo se

es arrullo del cielo
del frío cielo
del triste cielo
que no sabe que está triste
que no sabe que es frío
que no sabe que es arrullo
que no eligió ser cielo

No nos extrañemos
feliz cumpleaños
mejor
un pastel
una tarta
un cake
veintiochovelas

Vengo ha decirte
que me he curado de ti
de toda tú
estoy sano
casi a salvo
de toda tú
podría besarte
y no morir
porque estoy curado
como el pulque
como el tepache
como el cáncer pulmonar
o mi hepatitis A
Sólo te llevo en la sangre
en los suspiros
no es nada
entiende
¡no siento nada!
Soy un curado de ti

Si mueres no lloraré
no sé llorar
porque nunca he estado triste.

Yo moriré de frialdad
como aquella vez
que no pude respirar
el mar me ahogaba
las olas me apuñalaban
no podía respirar
moriré de frialdad
se atorará el alma
las flemas
algún concierto de grillos
de cigarras
todos moriremos
la marcha fúnebre del bosque

Te busqué
por todos los rincones de mi cuerpo
salí a la ventana
y grité tu nombre

Harto del silencio

harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio harto silencio

Un señor gigante
Don Gigante
golpeó el cielo
harto del cielonsio
lloró
pero su llanto no se escuchó
estábamos todos muertos
Y del cielo escurrieron estrellas muertas
lunas muertas
flores de muerto
silencios de un muerto

Vengo a decirte que te he perdonado
Perdóname tú
anda,
moriré de frialdad
por falta de cuerda
por el recuerdo
por lo cuerdo
por tu cuerpo
moriré
eres locura
Lo sabes ahora
lo supiste ayer
sábelo siempre

13 nov 2009

Esto no es una despedida

Saboreo las profundas heridas que en la carne fresca dejo un amor incipiente, un amor de novatos, de jóvenes con la vida servida en la mesa de honor. Esperando con ansia desmedida, con los cubiertos en la mano, el plato fuerte, el plato principal. Al final, ese plato salimos a ganarlo y compusimos poemas protegidos por la noche, bailando con frenesí y aturdidos por el alcohol en un pueblo minero condenado al olvido. Yo compuse el verso final, era espantoso y carecía de sentido.

Caminamos sonrientes con el sol en la espalda y un pañuelo rojo anudado en la frente, con las cantimploras llenas y los bolsillos vacíos. Todos teníamos nuestra ración de alimento sagrado destinado a nutrirnos el alma y a compartirlo con prostitutas famélicas atrincheradas en la oscuridad de las calles perdidas a las orillas del desierto de Coahuila. Si acaso queda alguien que recuerde un lugar con ese nombre.

Empuñamos contra el cielo espadas de madera, aullando a la luna menguante como guerreros vencidos, descorazonados y sin corazones para el sacrificio. Gritamos entre la gente que desviaba su camino al cruzarse con el nuestro. Gritamos hasta quedar exhaustos, con la boca seca y los labios marchitos.

Buscamos un lugar, cualquiera, para protegernos de la noche y sus fantasmas, un lugar donde humedecer nuestros labios. Buscamos alivio para nuestros vientres y para apagar el fuego que reptaba entre nuestros muslos. Ya no buscamos amor y nos perdimos en la mirada prístina de jóvenes impúberes, nos mordimos los puños y salpicamos las paredes del retrete. Abrimos los ojos en la oscuridad y buscamos a tientas la salida. Aspiramos profundo el aroma ocre de nuestras axilas y susurramos en un suspiro nuestro nombre, el que fue escrito en la roca inmortal del universo.

Leímos las estrellas y no nos gustó lo que encontramos oculto entre sus líneas, era demasiado sencillo para tanto y tan tormentoso camino andado. Los pies se nos llenaron de polvo y al atardecer vimos morir a nuestros hijos y a sus madres y cada rincón de tierra donde dejamos nuestras huellas. Nadie nos despidió. No dejamos cruces a nuestras espaldas para que se pudrieran con la lluvia. Solo quedaron las calaveras amarillentas, enterradas en la arena teñida de rojo por el sol que se ocultaba por ultima vez.

Escribimos letras sagradas en el polvo del suelo para que nadie supiera la verdad. Nadie lo comprendió, solo los niños reían y agitaban sus bracitos cuando sus ojos descansaban sobre las letras. Pocos comprendimos el porqué, pero no hubo quién pudiera transmitir el mensaje.

Uno a uno caímos vencidos por el tiempo y el hambre. La miseria se tragó nuestra sonrisa y nos pudrió los dientes, nos comimos las ultimas flores del jardín y hundimos la cara en el lodo. Sólo nos quedó el recuerdo del sabor de las profundas heridas que en la carne fresca dejo un amor incipiente.