19 feb. 2009

El sindrome del espejo. Jaime Garba

-¿Está dormido?-. Preguntó Sofía a su madre quien miraba a Francisco reposando en un raro aposento con muros pequeños de dos metros por algunos 50 cm, para ella mejor llamado féretro. Su mirada debió contestar aquella pregunta de la pequeña niña huerfana, pero la inocencia de su angelito no le permitía permitirse considerar la muerte como algo real. -Sí, esta dormido corazón- contestó Margarita, -si esta dormido ¿por qué tiene los ojos abiertos?- dijo sofía con el pretexto de su vouyerista infancia. -Porque no quiere que pienses que está muerto-, replicó su madre. -¿Qué es estar muerto mami?-. -Estar muerto es estar dormido pero jamás despertar-, dijo Margarita. -¿Y mi papí despertará?- preguntó Sofía. -No-, -entonces, ¿está muerto?- preguntó con una voz entrecortada, recién conociendo el temor a sus cinco años. -No, sólo esta dormido-.
Sofía rondó el féretro, la lógica no le hizo observar aquel cristal que la dividía del sueño eterno de su padre, lo observó detenidamente, la mirada perdida de Francisco la interpretó como una petición de algo que sólo ella entendió, Sofía sonrió. -Mira mami, sí esta dormido- dijo con algarabía la pequeña niña que recien conocía la muerte. Francisco siguió con la estaticidad involuntaria que lo mantenía "dormido", Margarita se limitaba a decir que sí a las afirmaciones descabelladas de su hija "está sonriendo" "esta soñando" "está muerto".
Sofía jugaba alrededor de su padre, sobre él, alegraba el fúnebre contexto que a su madre ya estaba por arrancarle una lágrima. Los presentes extrañados no hacían otra cosa que limitarse a observar entre comentarios mentales morbosos y padres nuestros.
La pequeña Sofía celebraba la muerte de su padre como el concepto de un sueño insertado por su madre. El tiempo pasó hasta que las energías de Sofía se agotaron, caminó lentamente hacía su madre, la jaló de la falda con un tirón poco fuerte que apenas alcanzó a notar Margarita. -mami, mami- dijo Sofía casi implorando, Margarita agachó la mirada y sólo la observó. La pequeña Sofía la miró justamente a los ojos, su expresión se tornó estática, su respiración se notó sobre su pecho, esperó un par de segundos y dijo a su madre con una certeza absoluta...-Ya me voy a dormir-.

1 comentarios:

Rodrigo dijo...

no es mentir lo que la madre hace, tan solo trata de proteger a su hija, a pesar de que los niños trata de proteger a su hija a pesar que los niños comprender bien lo que es la muerte, su concepto