11 oct. 2009

Cuerpo delirio

Cierta mañana de otoño desperté hecho un fiasco, con la sensación de tener el cuerpo equivocado, con una piel y huesos que no se sincronizaban a mis pensamientos. Esa mañana, jodida desde la telaraña de sábanas hasta los imperdonables rayos del sol que se colaban por las cortinas, no pude hacer otra cosa más que pensar en ti. "¿Dónde diablos te encuentras, Maldita?" Pensé al mismo tiempo que olfateaba una erección hinchada de nostalgia. Sin más, comencé a olvidar tu recuerdo de la mejor manera, aboliendo a la realidad hasta el desastre. Mis labios que sabían a ti, mencionaron algunas maldiciones hasta hallar tu retrato. Escondido bajo las sábanas, con un cuerpo que no era mío, hecho un fiasco, con manos tan torpes que podrían tropezarse hasta tus caderas, y con dedos como ratas lamiendo cada centímetro inminente de tu piel insana, catastrófica, pellizcando y jadeando por cada poro de tu cuerpo enjuto, roído catatónico por la voracidad de un amor que no terminaba de sanarme, ¿qué podría esperar si terminado estaba el universo ante ese par de caderas que se caían como hojas de árboles que un incierto y maltratado viento traían hasta mis pies?, esas caderas como la marea violenta a mar abierto, porque tú cuerpo es mar abierto y tus ojos naufragio de mis ojos, nada tan intrigante como la mirada perversa de una noche entre el enjambre negro de tus ojos. Llorar, mi piel lloraba cierta mañana cada centímetro del otoño que desperté pensando en ti, hecho un fiasco, una piltrafa, con la sensación de tener el cuerpo equivocado, con la terrible sensación de querer ser tus labios y morir en su belleza matutina, recordando el corte del tallo de tus piernas que germinaron hasta el olvido. Maldita muerte atizada de orgullo, maldita muerte retraída por arrullos de una noche llena de cigarras y gritos nostálgicos como de luna y de viento, como del imperfecto cuerpo que cargaba sobre si media tonelada de un amor que no era amor sino delirio. Cierta mañana desperté pensando en ti, y no era mi cuerpo el que te buscaba ni mis manos con sed ni mis ojos hinchados de nostalgia, no era tampoco la tarde en que te marchaste con todo lo poco que quedaba de mí, no era nada de esas hojas traídas a desgana por un viento solitario cansado de escupir tu nombre, ni era el sol marchito colándose por la ventana, mucho menos se trataba de ser lo que era, un día, la muerte durmiendo en mi cama.

3 comentarios:

sr higginson dijo...

hacía mucho que no leía una narrativa con esa carga poética, muy bueno mi estimado, me pareció muy cuidado, tanto que no se nota.

Isabela dijo...

fui muy feliz con su post!!
esa capacidad de hacerme sentir lo jodido usted, o su personaje se pudo haber sentido esa mañana, puts!! me facino.
estrujo
atte: una fémina con resaca (waak)

Ricardo Arce dijo...

Don Sr. Jaime:
Agradezco el elogio aunque he de confesar como asesino torpe que soy que no cuidé nada, sólo fue una descarga emocional, catatónica.

Isabela:
Lo jodido es haber despertado con el cuerpo asesinado dentro de un monstruo personal. Hilaridad.