6 ago. 2009

recuerdo de una noche oscura...


Después de hacer el amor con una mariposa.
Nada que decir sobre el silencio.
Caen un par de plumas negras,
Como la sangre espesa y dulce del amor masacrado,
Disuelto en un charco de agua.

Afuera, luces.
Adentro tu violeta violencia me quebró las rodillas.
Ya no sé realmente si era mariposa, o sólo tu reflejo.
Pero sigo orando, con plegarias que sólo los ángeles conocen,
Rezo de-espaldas, de-manos, de-snuda,
Rezo florida en el desierto cómo los ángeles sólo pueden hacerlo,
Con gritos de nostalgia que destrozan
Las velas mientras arden tiritando.

Estoy enredada en tu barba.
Me arranco los adjetivos,
las palabras inservibles que caen
como el eco de los clavos martillados
en una pared que separa lo que nunca estuvo unido.
Te extraño.

Del silencio nada.
Desconozco los signos de la muerte,
que llevo tatuados en la espalda,
al ras de los huesos.
Aprendo letanías para ayudarme en soledad
manos de artesano... creame
labios de veneno... desbocame
risa sin sentido... llename
estrella fugaz... recuerdame
leche tibia... envuelveme
ira contenida... mátame
déjanos en la locura
amen.

Vago con mi lengua de mariposa entre tus piernas,
tu pecho, tus labios hombro-cuello.
No. Yo no voy a hablar del cielo.
Mi sitio no es cielo.
Mi sitio es este rincón entre tus brazos
tus ojos, costillas y tu palpitar negro.
Yo que soy un recuerdo de la aurora en este espacio-tiempo,
la risa fugaz de una noche de otoño.
la siempre desheredada,
tu asesino de palabras hoy me dejas,
ya no estas.

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