28 jul 2009
Ella mató al amor.
Esas cosas no se hacen...
- Nunca había hecho algo así - dijo Mariana apenada
- Siempre hay una primera vez - contesté fríamente
Mariana se levanta de la cama dejando ver su espalda, su culo desnudo y ese tatuaje con las iniciales M.R. envueltos en una cinta que decía "Siempre tuya". Pinche vieja cursi.
- De verdad, esto... bueno, nunca pensé que podría hacerlo.- recogía su ropa torpemente mientras yo la observaba desde la cama. Sacudí el cigarro y tomé la botella de cerveza que estaba junto al buró.
- ¿Entonces, por qué me buscaste?
- No lo sé, pensé que ahora que estas con Manuel,-la interrumpí
- No estoy con él, al menos no como piensas-
- Es solo que, pensé que acercándome a ti podría regresar con él-lo dicho piche vieja pendeja.
- No sabes nada de Manuel
- Pero tu sí
- Yo lo único que sé es que en un wuey confundido, coge conmigo pensando en ti
- De verdad??- ingenua...
- Si de verdad,
- Pero sigue contigo, es decir... tu eres genial, inteligente, simpática, hermosa. Si piensa en mi ¿por qué no regresa conmigo?
Me encojo de hombros, soy sincera, no lo sé.
Me pongo sólo el pantalón, me bajo de la cama y camino hacia ella que se ha vestido, apago el cigarro, y bebo de la cerveza que aun está fría. Me acerco lo suficiente para oler su perfume dulce, meto mi mano bajo su playera que tiene bordada la palabra Bebe sobre sus tetas. La beso, yo también quiero saber que ve Manuel en ella, por qué piensa en ella cuando coje conmigo.
La empujo lentamente sobre la cama, hago malabares para que la cerveza no se derrame.
- NO, ya no, esto fue un error. Estas cosas no se hacen.
Me queda claro, ahora lo sé, no tiene respuestas, me rechaza y al ponerse de pie derrama la cerveza en mi pantalón, yo tras sentir ése frió burbujeo en mi entrepierna, y un escalofrío que recorre mi espalda desnuda, sé que no tengo otra opción, ni ella ni yo.
Y entonces mis manos la estrangulan.
Ya no habrá dudas, Manuel solo pensará en una de nosotras cuando haga el amor.
27 jul 2009
Cerezas y Sandía
Francisco, Paquito para los amigos, lo tenía todo. O eso siempre le decían. ¿Por qué? Porque era soltero y todo sus amigos ya se había tenido que casar o juntar, que para ellos era lo mismo: ya se habían chingado. Y Paquito era libre, gastaba su dinero en lo que quería. Tenia una tele gigante, DVD y horno de microondas. Dichoso tú, le decían cuando se tomaba una cerveza con los amigos de la cuadra. Tienen razón, pensaba Paquito mientras tragaba la cerveza.
Trabajaba en una carnicería, era un buen empleado, el único que no le robaba al patrón y el patrón lo sabía y se lo agradecía regalándole de vez en cuando filete de primera. El filete que no estaba a la venta, por que la perrada, decía el patrón, se cagaría al ver el precio. No, ese filete tampoco se vendía a restaurantes, era como un cargamento de la mejor droga del mundo, solo uno pocos conocidos del patrón tenían el privilegio de probar esa carne. No me falta nada, pensaba Paquito, mientras preparaba su jugoso corte.
Paquito hacia mucho que no tenía novia, por lo que las visitas a los masajes de ‘la nena’ eran cosa de cada quincena. Era cliente consentido, pagaba sin regatear, nunca pedía nada extraño y siempre se venía en silencio.
Pero un día la conoció. En el autobús rumbo al trabajo. Ella se subió a unas pocas cuadras antes de que él tuviera que bajar. Era delgada, morena, de cabello y ojos negros. Olía a cerezas y sandía. Pensó en ella todo el día y pensó que en realidad nada tenía. Se dijo que daría todo por saber su nombre, su horno, su tele gigante, su DVD, su carne de primera. Todo!. Pensaba en el olor de su perfume mientras cargaba una res en canal sobre su espalda.
Pasaron varios días hasta que volvió a verla en el autobús y se bajo triste a trabajar. Espero pacientemente hasta el día en subieron al mismo autobús y se pasó de largo la carnicería. Se bajó hasta que ella se bajó dejando detrás un rastro de cerezas y sandía. La siguió a buena distancia. Su corazón latía con fuerza y trataba de armar alguna frase coherente para hacerle plática sin asustarla. Ella fue deteniéndose lentamente hasta llegar junto a un joven. Se dieron un pequeño beso en la boca y tomados de la mano siguieron caminando. Paquito paso a su lado con paso apretado y siguió andando sin rumbo fijo.
Ese día no trabajó. Regresó a su casa, buscó entre su colección de películas porno y escogió una hardcore filmada a finales de los 70’s y remasterizada en DVD. Comenzó a meneársela mientras se desarrollaba una escena al estilo de las películas de detectives y una voz en off narraba en alemán la escena. Era una pareja en el bar, el tipo le metía mano a una bailarina y ella parecía resistirse mientras hacia muecas de placer. El tipo lograba desnudarla, la empinaba sobre una mesa y le metía un puño completo en la vagina. De pronto la mujer lograba escapar del puño. La narración siguió: al ponerse de pie, ella derramó la cerveza en mi pantalón y tras sentir ese frío burbujeo en mi entrepierna, mi escalofrío no tuvo otra opción que pedirme que la matara. Y entonces mis manos la estrangularon.
Paquito se vino en silencio y comenzó a olvidarse de ella.
Con el beso temido / Ricardo Arce
cuando pienso en ella
como una señora de buen talle
y mejores nalgas.
Temo
ser aplastado por su culo inmenso
o devorado
por una boca sin dientes.
Es un lengua ignífera
que me arde la sangre
y funde mis huesos.
La noche nos grita
palabras de tigres,
de leones
y asesinos
muertos de sueño.
Me escondo entre esas cobijas
atizadas de silencio
no soy nada
me repito
un cuerpo con huesos
blancos
y dientes podridos
mordiendo el frío.
Temo, también
los martes que te buscan
te cambian el nombre
te ponen disfraces
y te hacen parecer
una ramera
que cobra caro,
me siento pobre estando contigo
con los martes y contigo,
la lluvia no me alcanza
no me alcanza tampoco
la muerte y el olvido.
Temo
cuando el viento levante tu falda
se desnude tu cuerpo
y mis manos muertas de noche
te sostengan
y te abracen
muerta
de la lluvia de agosto.
25 jul 2009
Escalofrió por Luis Vaca.
No tenia la intención de hablar con nadie, solo buscaba relajarme, siempre me pongo nervioso antes de conocer a los padres de mis novias. Miraba el televisor instalado en una esquina del techo en la parte norte del bar, trataba de concéntrame en el partido de fútbol, entonces escuche una voz sumamente seductora, un tono parecido al de la pelirroja que sale en Roger Rabbit.
Ella dijo: Citrus Martíni por favor. Como por impulso o más bien por instinto gire mi cuerpo. Quede pasmado con esa silueta. Ella agito su bebida, sonrió, dejo uno de sus zapatos apoyado sobre la punta del sexy tacón que tenía por calzado. Yo me estremecí con la imagen. Le pedí al tipo de la barra que le diera otro trago de parte mía, y al escuchar su Gracias, yo quede totalmente pagado. Esa voz me estaba volviendo loco. Le pregunte -¿Qué haces sola en un este sitio?
-De paso, nada en especial. Empezamos una plática de esas totalmente random, hasta que ella dijo: -¿Me quieres coger verdad? En ese momento yo había tomado de mi cerveza y casi le escupo el trago sobre su escote de la risa sorpresiva que me provoco –No, bueno si, pero no de ese modo, bueno si, pero me has tomado por sorpresa.
Salimos de ese bar, mi departamento estaba justo en la esquina, así que lo propuse, ella accedió.
Llame a mi novia, le dije que un amigo estaba en la cárcel y que como buen abogado tenia que atender al llamado, que la profesión es caprichosa y que soy muy ético. Ella acepto mi pretexto como verdad y me dijo que en otra ocasión podría conocer a sus padres.
Estaba emocionado como un niño de secundaria cuando se va coger a la “buena” del salón, mis ojos brillaban y sentía como latía mi corazón. La tome de la mano y caminamos hasta mi departamento. La dosis empezó en el ascensor, yo vivo en el piso 8, me percate que lo abrieron como en el 4, pero no nos importo, seguimos en nuestro asunto y la prudencia del inquilino que decidió tomar el próximo ascensor después de ver ese espectáculo nos ayudo a subirle de tono.
Llegamos, se sentó en mi reposet cruzando la pierna, movía el tobillo de su pie derecho como llamándome. Fui al refrigerador, solo tenia cervezas, destape un par.
Ella se puso de pie para recibir la bebida, una vez mas dijo ese gracias que me enloquecía, y aproveche la ocasión para darle un generoso agarrón de nalgas.
Nos sentamos en el comedor, me miraba jocosamente a los ojos, mordía sus labios, pasaba sus dedos entre sus cabellos, reía, me enloquecía. Fui por otras 2 cervezas, con las que daría por terminada la plática para pasar a lo que originalmente habíamos acordado que iríamos a mi depa: coger.
La cervezas estaban llenas, ella se paro para ir al baño, le indique la ruta que era bastante obvia, al ponerse de pie ella derramo la cerveza en mi pantalón y tras sentir ése frió burbujeo en mi entrepierna, mi escalofrió no tuvo otra opción que pedirme que la matara.
Y entonces mis manos la estrangularon.