25 may 2009
El Hombre que debio vivir cien años. Rodrigo Contreras
-¡No!- gritó Sóstenes.
- ¿A qué le tienes miedo?, Ven conmigo, ya pasó lo peor; de ahora en adelante estarás en paz, tranquilo dormirás, ven y toma mi mano- le dijo la niña mostrando sus oscuros ojos.
-No- dijo él angustiado- yo no debo estar aquí, tengo que regresar a mi casa, me están esperando, déjame irme, ¿quién eres tú para impedirlo?
-¿Acaso el temor que te inspiro, te impide reconocerme?, Por sí alguna duda tienes, te diré que soy justa, piadosa y llego siempre en el momento adecuado.
- Pero no es mi momento, yo debo de vivir, debes dejarme regresar- insistió el hombre con tono de suplica
- Te he dicho que llego siempre en el momento exacto, ¿qué te hace pensar que te debo dejar regresar?- le dijo la muerte, serena e inconmovible.
- En mi familia han sido todos muy longevos, de larga vida, pasados los cien años- se defendió Sóstenes.
La niña traía entre sus brazos un gran libro, el cual abrió y comenzó a hojearlo, buscando algo; nuestro personaje seguía la caída de cada una de las hojas, hasta que finalmente ella se detuvo.
- Sí, aquí estas, todo es como debe de ser- le habló fríamente la muerte a Sóstenes.
- Pero, yo debía de vivir más tiempo, ¡yo quiero vivir más tiempo!- exclamó él.
- ¿No te has dado cuenta del lugar en el que estas?, mientras discutes conmigo, de tu cuerpo solamente están quedando los huesos, ¿cómo te voy a regresar sí ya no tienes cuerpo?, ¿crees que sería muy normal que anduvieses por las calles caminando en puros huesos?- dijo la muerte, mientras trataba de contener la risa, por respeto a esa pobre alma que no quería descansar en paz.
Sostenes solamente se encogió de hombros desesperado y se resistía a darle la mano a aquella pálida niña.
-Pero yo estoy seguro que mi vida debió de ser mas larga- insistió él.
-Sí, quizá si no te hubieras subido ese día ala motocicleta. Pero en fin, ¿qué te hace pensar que debías vivir cien años?, ¿Qué habrías hecho con tan larga vida?- Le preguntó la muerte a Sóstenes, mientras le estiraba la mano y él con timidez, no muy conforme la tomó; comenzando así los dos a caminar juntos.
-No me has contestado- Dijo la niña de fría mirada.
- Solamente vivir, ver crecer a mis hijos, conocer a mis nietos, ver como cambia el mundo, hacer algo para que se acuerden de mí.
-No te preocupes, a donde te llevo, veras como cambia el mundo y podrás pedir por tus hijos como también cuidar de tus nietos. Que más hubiera querido yo regresarte; pero hasta ahora quien muere no regresa después de un tiempo, es para siempre; pero ven que te mostrare un lugar mejor.
-¿Y se acordaran los demás de mí?- preguntó Sóstenes.
-Sí, se acordaran de ti todos y tu familia siempre sabrá cuanto amabas la vida- contestó la muerte.
Y se fue Sóstenes con la niña de la mano, perdiéndose en el brillo intenso de la una luz que emanaba tranquilidad y dulzura.
En una carretera, en el kilómetro 42, estuvo una cruz, que duró ahí mas de cien años, con el siguiente nombre grabado: “Sóstenes...”
24 may 2009
... Laura Avalos

Ven a mi sombrío, oscilante como ave urbana, celeste, insondable y subterráneo. Hijo de las nubes, padre de utopías, vuelve a mi sereno y universal. Ven a mí que estoy florida, jugosa como caña, ligera como brisa.
Sabes que aunque estoy en penumbras, me encontrarás con ese tacto tuyo, tan fino como el ojo de la aguja. Yo prometo negarme a tu cuerpo, y a mi deseo. Prometo darme al día siguiente, mientras tú te llevas el aire, mientras vas calculando la vida con el desdén de un huésped errante.
Ya lo sabes, eres mi agonía y mi muerte. El vértigo en mis piernas, con tu cordial miseria de caricias, ese gesto amargo de tus manos violentas. Rebelde fuga de súplicas, castigo eterno, yo mujer de fuego y plata líquida integra y mía de mi sola yo, pero en ti.
Por eso te pido, ven a crear una noche de gritos y gemidos, aliméntame en vida, provoca el sudor y la melancolía, provócame amor y desfallece sobre mis palabras. Tú mi desdichado niño, olvídate de tu nombre y del maldito nombre de las cosas. Déjate llevar por el ruido de los torsos en una noche en que nos convertiremos en bestias.
Crearemos esta noche, el alba, y el día, detendremos el tiempo, solo un instante, un momento. Y después aceptaremos nuestra derrota, tu y yo los siempre vencidos.
20 may 2009
Adios a Mario Benedetti. Luis Vaca

Con
y sin nostalgia partió Mario Benedetti, quien sin duda siempre será uno de los escritores que mas influenciaron no solo mis letras, también mi vida.
Recuerdo mis primeros acercamientos a su literatura, particularmente su poesía, yo era apenas un adolescente y memorizaba un par de versos, que después recitaba deformados a la primera jovencita que se me pasara por el frente.
Estoy en deuda contigo por tantas cosas, desde los besos insípidos de aquellas colegialas, hasta la formula mágica de tu táctica y estrategia; hablar y escuchar, construir con palabras un puente indestructible, vaya sabiduría la tuya, vaya sabiduría.
Mario debiste ser un éxito con las chicas, Mario; le decía al viejo cuaderno de poesía; ¡quiero ser poeta!,¡quiero ser escritor!; pasaron los años, los textos y hoy me encuentro con la noticia de tu partida.
Mario, el rebelde, el poeta, el narrador… tu táctica dio resultado, te has quedado en el recuerdo de muchos lectores que te vamos a extrañar. Gracias.
La obra de Mario Benedetti es muy extensa, pero aquí les dejo el poema con el que lo conocí.
HOMBRE PRESO QUE MIRA A SU HIJO
Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas
que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos
realmente botija no sabian un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula
olvidaban poner el acento en el hombre
la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles
uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos
por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos
vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio
y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías
y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre
botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides
por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre
pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar
que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos
y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa
y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosas morirse de verguenza
por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder
uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere
llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos
gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
llorá
pero no olvides
18 may 2009
Fúmate un cigarro conmigo. Jaime Garba
Exilios que se abrazan (que se aplauden). Isabela Ceja
La primera vez que me fui de casa, papá hizo las pases conmigo regalándome un libraco tuyo, años después entendí que la tregua no era contigo ni con él, era con la vida, esta puta vida que no mas nos hace entender cuando volteamos la página y permitimos que todo siga su curso, porque si te aferras, ahí, ahí en ese instante, es cuando vales madres.
Puedo presumir y maldecir que fuiste el primer hombre en sacarme los cocodrilos y mocos no mas de leerte,¿te acuerdas?, fue esa tarde de primavera cuando cruzaste por esa esquina rota y me aventaste tantas lineas que mis lágrimas no pudieron soportalas y terminaron flotando ante tus hojas por dos cruciales semanas, jure que tendría una niña tan bonita como la que tu construiste, lo jure hasta que tu exilio me tiro y termine siendo yo la que se exiliara del mundo.
Una tarde la tía Yaya, llevo libros con olor a humedad a la casa, al irse, tú comenzaste a toser, por poquito la portada de doña Isabel Allende te gana el mes por poquito te dejaba entre los aromas del olvido, pero fueron tus cuentos los que una vez mas me hicieron regresar a ti, a tus lineas, a tu necesidad continua por contarme lo mucho que extrañabas tu Montevideo.
Fuiste mi favorito, mi terapia, mi amor más platónico y un día me enamoraste para siempre, con esas "letras de emergencia" que tuvieron que salir, con ese "te quiero" que desprendías de tu piel, con cada uno de los Inventarios que nos regalaste.
Me hubiera gustado tenerte unos añitos mas, unos libracos más; pero mi mayor felicidad es que fui tu novia, tu amante, tu amiga, tu nieta, tu hija, tu tormento, tu pañuelo, tu fan, tú... y lo seguiré siendo hasta que tus lineas se acaben, hasta que tu aroma en las letras se esfume, hasta que mis ojos miopes se cansen.
Gracias Benedetti, te lo dice tu viuda platónica, te lo dice en unas lineas nuevas que tu inspiraste. GRACIAS.
